TENSIONES Y FRAGMENTOS DE UN CITACIONISTA

A PROPÓSITO DE MARC QUINTANA

Marc Quintana despliega un conjunto de imágenes solapadas, texturas que, en el fondo, trata de convertir en reliquias, en recuerdos de lo cotidiano que no son más que efectos de la propia imagen. Estas imágenes no son elitistas, tampoco son guiadas por un tema claro es un registro casi pasivo que lejos de exaltar un producto simplemente trata de significarse como estrategia estética. No es ésta una realidad objetiva ni documental, no es ni verdadera ni falsa, no hay análisis concretos, sólo un contraste, o mejor, una simbiosis, ente la representación de lo auténtico concretizado y lo falso. Como Warhol, cuando trataba de no acrecentar nada a la realidad, la postura de Marc Quintana es la de un escepticismo casi nihilista capaz de esquivar el significado, de ignorarlo para simplemente homenajear el sentido de lo contemporáneo.
Vivimos en un mundo con necesidades, sobre todo, de lograr una identidad. Marc Quintana rescata imágenes genéricas que desvelan el riesgo de que toda peculiaridad urbanística desaparezca, de que todo se solape en un mundo de un barroquismo publicitario exacerbado, donde el diseñador experto sea capaz de sustituir a los viejos escudos municipales.
Nos dice Miguel Ángel Sánchez que “Marc Quintana apuesta con arrojo por la dialéctica entre lo informal y la imagen infográfica, para realzar sobre todo el carácter matérico de la urbes” Estando, en parte, de acuerdo, creo que también se evidencia el efecto contrario: es lo matérico de la imagen, el reclamo estético-publicitario, quien somete a las urbes a un segundo plano. La insignificancia de significantes es lo que aquí se revela, la opacidad de un negativo que antes de todo era imagen y hoy semeja ser simplemente soporte, ¿como entender entonces que tras una encuesta realizada en once países sólo el 40% de los jóvenes encuestados conocía el símbolo de las Naciones Unidas y, sin embargo, el 80% conocía el de Coca-Cola? Si a finales del XIX la confianza en las imágenes hacía que los espectadores del film L’arrivée du train de Vicennes se levantaran de sus asientos presos del pánico pensando que la locomotora se les echaba encima, año más tarde se necesitó la estrategia contraria para intensificar lo real, como cuando Mark Boyle en Street (1964) llegó a improvisar un teatro en el que una vez levantado el telón nada figuraba en la escena, sólo un cristal que mostraba en tiempo real lo que estaba sucediendo en la calle, una realidad espontánea capaz de, por el contexto que envolvía al espectador, engrandecer el acontecimento. De esa saturación y falta de confianza en la imagen nace las matéricas imágenes de Quintana, siempre evitando cualquier tipo de retórica tendenciosa.
Giandomenico Amendola señala como la ciudad contemporánea es cada vez más ciudad narrada donde la frontera, hasta hoy imprescindible, entre la ciudad y su relato tiende a perderse. Todo se debe a un mundo real que ha devenido espectáculo, representación permanente. Pensemos en la sociedad barroca con sus plazas, perspectivas, fachadas… todo obedecía a una escenografía, a una escena legitimada por el poder. Pero en esa escena era posible la distinción entre sujetos, entre realidad y ficción. Hoy, en este “pacto sobre la mentira” –como lo define Umberto Eco-, el espectáculo está en lo cotidiano, en la experiencia metropolitana.
Otra vez Metrópolis o Blade Runner sobrevuelan nuestras cabezas; la representación se disipa en un individuo que lejos de vivir un sueño, habita una situación real. Y toda esta distorsión de la realidad se cobija en las escenas fragmentadas de Marc Quintana, en esa suerte de zapping matérico. Porque Marc Quintana esquiva su condición de pintor para ser, simplemente, un productor de imágenes, evitando el concepto por el concepto para legar un collage de citas, signos o iconos apropiados de la esquizofrenia desmitificadora y deslegitimizadora de la ‘ciudad-escenario’ contemporánea. En el fondo, hablamos de una suerte de bricolaje anárquica y arcaica que acaba por definir una actitud, una mirada cómplice capaz de aunar pintura, diseño y vida en una imagen, en una cita.

David Barro